Hola amig@s, hoy quiero compartir con ustedes algo muy lindo de mi infancia y que está muy a propósito de las recetas creadas por las religiosas durante la época colonial.
Les cuento que mi abuela materna nació en el estado de Puebla (en San Andrés Chalchicomula, hoy Cd. Serdan) a las faldas del Pico de Orizaba (Citlaltepetl).
Crecí escuchando historias de personas, situaciones y estilos de vida que al paso del tiempo me di cuenta que eran realmente parte de la historia de nuestro país narradas en primera persona.
Además de eso, recuerdo que en ocasiones importantes mi abuela preparaba un delicioso mole poblano, para ello y con días de antelación íbamos al mercado para comprar los chiles, las nueces, las almendras, los plátanos, el chocolate y las especias, se sacaban las grandes cazuelas de barro y el metate, todo se iba tostando mientras la cocina primero y toda la casa después, se perfumaban con los aromas de cada ingrediente que se iba tostando, hecho esto iba moliendo en metate cada ingrediente que, primero se hacía polvo y después con el plátano, el ajo y la cebolla se iba convirtiendo en una pasta suave que, al pasarlo a la cazuela e irle echando de poco a poco el caldo de pollo y de cerdo iba tomando una consistencia ligeramente líquida, en ese momento se le iba poniendo el chocolate para que adquiriese su textura suavemente espesa y para darle el toque exacto de dulzor, picor y salado que al poner las carnes (pollo y cerdo)iban sazonándolas…era un ritual hermoso y lleno de cuidado y cariño… y todo eso se le transmitía a los comensales el día de la celebración… otros platillos deliciosos aunque menos complejos eran el fricasé, los moros y cristianos, el picadillo con plátano pasas y almendras y, como no incluir los deliciosos chiles en nogada, los cuales también eran una tradición en casa o, los inmejorables romeritos y el bacalao a la Vizcaína para la Navidad o la Calabaza en Tacha para el día de muertos, y que decir del chocolate a la española para la rosca de reyes o el pan de muerto… cada uno de estos guisos implicaban su propio ritual y por supuesto sus perfumes…
Ahora que estoy compartiendo con ustedes estos recuerdos, no puedo evitar pensar en la magia de nuestra cocina mestiza que, al sentarnos a la mesa hace que seamos partícipes de un pedacito de historia en cada bocado…
Si les gustó esta pequeña reseña, coméntenoslo y les contaremos un poco más de historia vivida en primera persona.
Hasta la próxima y recuerden amig@s, juntos haremos que todo esté bien